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Días del alción.

El alción hace su nido en la mar cuando el invierno empieza a intuirse; aprovecha el comienzo del solscitio, justo los siete días antes y después, cuando el viento se apacigua y el océano está en calma. Construye su nido con espinas de pescado y allí se prepara para descansar, sabiendo de la brevedad de la tregua. "Días del alción" se llaman por eso a aquellos días en que los aires difíciles no azotan y las olas no golpean furiosas contra las rocas. Días leves que pasan distraídos.

Empiezan mis días alciónicos.

24.9.06 21:38


Cosas que pasan.

El verano termina, sigue haciendo calor, pero los días ya son más cortos; sigue el rumor de vacaciones tocando en la puerta, pero todo tiende a volver al complicado ritmo de otros días que quedaron detrás de una esquina llamada Pasado. Faltan aún semanas para que lleguemos a otra estación, donde la ñ aparecerá por todos lados, pero ya se ven, a lo lejos, otras de sus señales desde este tren que no para.

 

Terminó el verano hace una semana, al menos para mí, y se fueron con él muchas cosas, muchos veranos, como el agua que se escurre entre los dedos. Como una broma del destino, tuvimos que despedirnos demasiado deprisa en este agosto, como otros agostos, pero esta vez los barcos no atracarán más en este puerto. El pasado nos alcanzó. Allí quedarán muchas tardes en el sur, muchas mañanas de cangrejos en el río, muchas noches con rumor a grillos y jazmín, muchos cines de sábanas blancas. Recuerdos que ya no están, pero que sigo. También quedarán muchas cosas en las que se ve su nombre: el hueco en el sofá, una silla vacía en la mesa repleta, una taza demasiado maltratada por cucharas exigentes...

 

En esos últimos días de este agosto recordamos, entre todos (entre tres) el último viaje a los sueños polares, donde miedos y temores se convierten en paisajes de infinitos abedules de hermosura incomparable, donde siempre...

3.9.06 02:29


El vino del estío.

El verano henchía el aire, el viento soplaba adecuadamente, el aliento del mundo era largo, tibio y lento. Bastaba para saber que éste era realmente el tiempo primero de la libertad y la vida [...]

 

Desde que leí ese libro (y tiempo después escuché una canción) supe que así era exactamente el verano, ni más ni menos. Entonces solo se puede dar las gracias. Allí se decía que todos esos buenos momentos de cada verano se debían atesorar en pequeñas botellas etiquetadas, para ir a beber de ellas cuando se necesitara de ese líquido atemporal. Después de todo, como dice otro de los grandes: no se ha vivido del todo algo, hasta que no se transforma en recuerdo.

 

Este verano está teniendo varios de esos momentos, como otros veranos, nunca el tiempo es perdido, momentos que se hacen gotas de memoria, y por los que merece la pena continuar: una relajada tarde viendo jugar el sol con los cristales, sentada en el Hudson River Park y escuchando Easy living; un amanecer entre girasoles buscando cierta luz; un atardecer brillante y fresco enfrente del mar con una persona demasiado especial reconociendo que eso era un gran momento y , de pronto, empieza a llover. Probablemente eso es la vida y lo otro, también.

Pero el verano aún no ha acabado y no será hasta entonces, cuando toque el tiempo de embotellarlo en una especie de despedida.

21.8.06 23:47


Algo en común.
1.8.06 19:53


Texto para dejar una casa.

-No vive ya nadie en la casa –me dices-; todos se han ido. La sala, el dormitorio, el patio, yacen despoblados. Nadie ya queda, pues que todos han partido.

Y yo te digo: Cuando alguien se va, alguien queda. El punto por donde pasó un hombre, ya no está solo. Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde ningún hombre ha pasado. Las casas nuevas están más muertas que las viejas, porque sus muros son de piedra o de acero, pero no de hombres. Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla. Una casa vive únicamente de hombre, como una tumba. De aquí esa irresistible semejanza que hay entre una casa y una tumba. Sólo que la casa se nutre de la vida del hombre, mientras que la tumba se nutre de la muerte del hombre. Por eso la primera está de pie, mientras que la segunda está tendida.

Todos han partido de la casa, en realidad, pero todos se han quedado en verdad. Y no es el recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos. Y no es tampoco que ellos queden en la casa, sino que continúan por la casa. Las funciones y los actos se van de la casa en tren o en avión o a caballo, a pie o arrastrándose. Lo que continúa en la casa es el órgano, el agente en gerundio y en círculo. Los pasos se han ido, los besos, los perdones, los crímenes. Lo que continúa en la casa es el pie, los labios, los ojos, el corazón. Las negaciones y las afirmaciones, el bien y el mal, se han dispersado. Lo que continúa en la casa, es el sujeto del acto.

César  Vallejo:  Poemas en prosa.

28.7.06 00:01


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