"Nada se puede contra un hombre que canta en su miseria" V.04
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Tormentas de verano. En verano, los días de calor sofocante al aire libre suelen terminar con tormentas. El cielo se cierra en gris, casi sin avisar, el calor continúa, otros rayos se dibujan y la lluvia intensa empieza a caer por más o menos tiempo. Mi primera tormenta de estas fechas fue en una playa, de repente, la gente que hasta hacía dos minutos estaba alrededor, empezó a correr buscando techos, y yo me preguntaba que si estaban en el mar, para qué huían del agua? Decidimos quedarnos flotando en nuestros flotadores, mirando al cielo y, de reojo, viendo a nuestros castillos derretirse. Otra de estas tormentas llegó en una ciudad mezcla de oriente y occidente. Todo el día se estuvo dejando ver (tiró gris durante muchas horas), pero no fue hasta la noche cuando el agua decidió caer. En una ciudad, las cosas cambian y esta vez sí tocó refugiarse y, como tontos, cada vez que creíamos que paraba, salíamos para empaparnos hasta llegar al siguiente portal. Nos estábamos dejando engañar. Pese a todo, vivíamos una película de los cincuenta en b/n con el puente de las cadenas de fondo, la madrugada pasaba a ritmo de portales arruinados y el tranvía que se nos iba ensimismado, persiguiendo su guía. La última tormenta ha llegado hasta esta isla en julio, pero no cae agua, solo de pronto, todo se ha vuelto gris y el gris no es un buen color. Las cosas se vuelven distintas a su luz, pese a ser las mismas que horas antes. Los miles de reflejos ya no lucen chirriantes y ni siquiera se miran a sí mismos presumiendo. Lo único bueno de estas tormentas veraniegas es que sé que son breves (más o menos), que pasan y el sol volverá. Lo único es que, cuando el cielo se vuelve llorón, igual que las casas o las personas, hay que trabajar un poco más. |
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Podía montar esto como un pretérito imperfecto y pasar luego al presente simple, y si se pudiera, a la suma que da un presente perfecto. Pero, esto no lo voy a montar así. Entonces sería como la presentación de mañana donde cuatro (ni más ni menos) fotografías tienen que contar una historia y repetir trabajos es aburrido, muy. Podría contar, también, preciosas historias que he descubierto en estas semanas, porque el deambular casi ocioso por esta ciudad de ciudades tiene esas cosas y muchas más. Pero tampoco será eso. Esto va sobre píldoras: nos las venden de colores y como soluciones instantáneas para casi todo: para dormir, para el día después, para el día antes, para subir, para bajar, para continuar, para todo. Quién sabe qué envuelto en una mezcla de gelatina que se deshace al poco, dejando libre la “milagrosa pócima”. Sin embargo, aún no han patentado las mejores y verdaderas, quizá porque por cotidianas pasan desapercibidas. Menos mal. Yo prefiero estas otras píldoras. Sin duda. Y lo más curioso es que llegan justo cuando las necesitas y se van exactamente donde tienen que hacer su milagro. Nada de pasar por farmacias ni demás sucedáneos. Llegan solas. Estas otras píldoras tienen miles de formas: postales, fotografías, palabras, canciones, ciento sesenta caracteres... y bajo estas magníficas formas (que perdurarán más allá de nosotros) esconden el más grande milagro, el que lo cura todo y sabemos qué es. Pero lo mejor, quizá, sea el laboratorio donde se hacen y los químicos (¿podemos decir alquimistas?) que allí trabajan. Esos imprescindibles químicos son las personas que nos hacen esa medicina y el proceso es el siguiente: se acuerdan de nosotros y la máquina empieza a funcionar, especialmente para nosotros y por nosotros. Y siempre aciertan en la dosis. ¿Dónde se prueban antes para que hagan su efecto? Quizá y es la única respuesta que se me ocurre, quizá digo, lo probaron primero en ellos mismos y funcionó. Cadenas. |
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Ahora ya no pasa y es porque todo se guarda en un disco duro apple y el original se convierte en otra cosa. Antes sí ocurría, ocurrió: de tantas vueltas, el cd se rayó, ahora la tres últimas pistas rebotan y no hay manera de que pueda terminar de escucharlo. Se rayó porque, una y otra vez, rozaba con una parte del reproductor (en una de esas caídas suicidas, la base se descuadró ), hasta que lo marcó para siempre y tuve que buscar otra manera de escucharlo. Eso ocurrió con otros pocos discos que siguieron a ese en aquella época. Ese cd es uno de los imprescindibles desde el 2000 (so close, so far away), uno de esos que tienes la suerte de conectar para siempre desde el principio. Recurrir a él (en determinadas épocas) es pedirle que me reconforte, que me envuelva y, al oído, mientras me lleva en su melodía suave y melancólica a veces, enérgica y firme otras, me diga que todo saldrá bien, sea lo que sea. Este disco lo hace y termino creyéndomelo. Nunca falla, lo sé y por eso recurro a él. Se convierte en un viaje musical (travelling without moving) de una hora por el que voy subiendo y bajando, repasando miedos, deseos, ideas, incertidumbres, sentimientos y emociones; es un viaje cargado de esperanza, al final eso es lo que pesa en él, aunque sea una esperanza con texturas ásperas a veces, pero termina de la única manera que podría terminar: feel(ing) fine now. En medio, se pasa por I try to believe in anyone, look at the state I'm in; surgen preguntas del tipo: Who the winners in the game we're playing; y me confirma: it's not a sign of weakness, when you're searching for the places where the memories flow. Alone with everybody sabiendo que no es verdad, o que lo es, pero no siempre. Una carta abierta termina siendo en la que buscar lo que se necesite. Qué alejado del tono y del poso del poema con título idéntico a este disco, y eso es todo, el resto es tan diferente como la diferencia entre una caricia y una bofetada, Bukowski (escritor maldito de moda) tiene esas cosas que afectan al hígado: the flesh covers the bone and they put a mind in there and sometimes a soul, and the women break vases against the walls and the men drink too much and nobody finds the one, but keep looking crawling in and out of beds. Flesh covers the bone and the flesh searches for more than flesh. There's no chance at all: we are all trapped by a singular fate. Nobody ever finds the one. The city dumps fill the junkyards, fill the madhouses, fill the hospitals, fill the graveyards fill nothing else fills.
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Según cifras del Ayuntamiento, cada día desaparecen como promedio doce personas en el sistema de metro de Madrid. Si se hacen cuentas, sale que, en un año, los túneles se tragan cuatro mil trescientas ochenta personas, personas que saldrán a trabajar (o a cualquier cosa) por la mañana, registran su entrada y luego, nunca salen. Las máquinas no anotan su salida. Desaparecen por completo. Se quedan en el bosque. Esta noticia la descubría hace poco. Días antes tuve una conversación sobre eso: desaparecer. La veíamos como idea (neo)romántica si no se miraba hacia atrás como aquel del mito; un nuevo nacer sin equipaje a las espaldas. Auster escribió sobre ello en su anterior novela: uno de los personajes, cansado de su rutina absurda, decide montarse en un taxi y desaparecer, y todo por haberse librado de que se le cayeran piedras del cielo (sí, llueven piedras). Más adelante sabremos que esa desaparición se convierte en una de esas bajadas al metro de Madrid. Tengo que leer Doctor Pasavento. |
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una mirada desde la alcantarilla puede ser una imagen del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos
Alejandra Pizarnik. |
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